jueves, 30 de julio de 2015

IMPORTANCIA DEL ESTUDIO DE LA HISTORIA 

A menudo se nos recuerda qué tan importante es comprender el mundo actual y nuestra sociedad, pues si queremos enfrentar los retos cada vez más numerosos que se nos presentan, es necesario que poseamos algo más que simples opiniones aéreas, subjetivas e infundadas sobre la realidad en que vimos y nos desenvolvemos. 

Pese a esta apremiante necesidad de entender el mundo y la sociedad en la que habitamos, nos desenvolvemos y desarrollamos, son muchos los que aún se siguen preguntando para qué sirve estudiar historia. ¿Para qué estudiar cosas del pasado, vidas de personas que han muerto o aprender tantas fechas? Esas son algunas de  las cuestionantes que se unen a un sinfín de “razones” y excusas que se utilizan para aminorar la importancia de esta ciencia y su estudio.

Cabría, entonces, preguntarse, Historia, ¿para qué?[1] Creo que como respuesta somera pudiéramos decir que:
“En primer lugar, la historia forma parte de los factores que definen nuestra identidad. Nos sitúa en el tiempo, y en la trama de relaciones con las colectividades que han interactuado con la nuestra a lo largo de los siglos. Nos confiere el sentido de nuestro ser, de nuestras posibilidades y responsabilidades.
En segundo lugar, la historia nos capacita para participar en la vida pública de manera informada, inteligente, crítica y con discernimiento. Una cierta base histórica es una condición previa para interactuar socialmente de manera lucida.

Tercero, el estudio de la historia, nos permite iniciarnos en el conocimiento y asimilación de la herencia común como colectividad. Solo conociendo los caminos que hemos recorrido juntos, los desafíos enfrentados, los fracasos y éxitos, los valores que compartimos, en una palabra, a medida que investigamos el pasado, nos vamos acercando al proceso mediante el cual hemos llegado a ser lo que somos. Descubriéndonos parte de una serie de eslabones que se pierden en el tiempo, captamos que nuestras decisiones pesarán sobre nuestros sucesores.

Cuarto, la investigación histórica nos sensibiliza ante los desafíos, las oportunidades y los límites del presente. La historia prepara el futuro, pues nos permite identificar las posibilidades y peligros que surgen ante nosotros. […] como dijo el erudito medievalista y filosofo, Etienne Gilson: “la historia es el único laboratorio que tenemos en el cual podemos probar las consecuencias del pensamiento”.
Quinto, el estudio de la historia fundamenta toda investigación política, social y moral. La historia nos permite captar cómo ha ido surgiendo una conciencia moral.

Sexto, aleccionados por la historia comprendemos otras sociedades del mundo, con características diferentes de los nuestras. Caen los prejuicios, crece la tolerancia. Compartimos una humanidad y problemas comunes. ¿Es casualidad que los especialistas menos belicosos de la administración actual en los EE.UU., hayan realizado estudios sobre el Islam? De manos de la historia aprendemos a ver los problemas a través de los ojos de otros. Ella siembra en sus amigos la paciencia mutua, el respeto y la audacia civil, tan necesarias en una sociedad pluralista y un mundo cada vez más interdependiente. La historia afila la inteligencia para examinar organizaciones sociales que afirman o niegan los derechos humanos.

Finalmente, nos ayuda a desmontar las falsas analogías históricas, e identificar las consecuencias nefastas de las analogías erróneas, o las de ignorar los errores cometidos por otros.


[1] Para dar respuesta a esta pregunta utilizo el artículo publicado con este título por Manolo Maza, S.J. en el periódico El Caribe, el 20 de Septiembre de 2006.

No hay comentarios:

Publicar un comentario