IMPORTANCIA DEL ESTUDIO DE LA HISTORIA
A menudo se
nos recuerda qué tan importante es comprender el mundo actual y nuestra
sociedad, pues si queremos enfrentar los retos cada vez más numerosos que se
nos presentan, es necesario que poseamos algo más que simples opiniones aéreas,
subjetivas e infundadas sobre la realidad en que vimos y nos
desenvolvemos.
Pese a esta
apremiante necesidad de entender el mundo y la sociedad en la que habitamos,
nos desenvolvemos y desarrollamos, son muchos los que aún se siguen preguntando
para qué sirve estudiar historia. ¿Para qué estudiar cosas del pasado, vidas de
personas que han muerto o aprender tantas fechas? Esas son algunas de las cuestionantes que se unen a un sinfín de
“razones” y excusas que se utilizan para aminorar la importancia de esta
ciencia y su estudio.
Cabría,
entonces, preguntarse, Historia, ¿para
qué?[1]
Creo que como respuesta somera pudiéramos decir que:
“En primer
lugar, la historia forma parte de los factores que definen nuestra identidad.
Nos sitúa en el tiempo, y en la trama de relaciones con las colectividades que
han interactuado con la nuestra a lo largo de los siglos. Nos confiere el
sentido de nuestro ser, de nuestras posibilidades y responsabilidades.
En segundo
lugar, la historia nos capacita para participar en la vida pública de manera
informada, inteligente, crítica y con discernimiento. Una cierta base histórica
es una condición previa para interactuar socialmente de manera lucida.
Tercero, el
estudio de la historia, nos permite iniciarnos en el conocimiento y asimilación
de la herencia común como colectividad. Solo conociendo los caminos que hemos
recorrido juntos, los desafíos enfrentados, los fracasos y éxitos, los valores
que compartimos, en una palabra, a medida que investigamos el pasado, nos vamos
acercando al proceso mediante el cual hemos llegado a ser lo que somos.
Descubriéndonos parte de una serie de eslabones que se pierden en el tiempo,
captamos que nuestras decisiones pesarán sobre nuestros sucesores.
Cuarto, la
investigación histórica nos sensibiliza ante los desafíos, las oportunidades y
los límites del presente. La historia prepara el futuro, pues nos permite
identificar las posibilidades y peligros que surgen ante nosotros. […] como
dijo el erudito medievalista y
filosofo, Etienne Gilson: “la historia es
el único laboratorio que tenemos en el cual podemos probar las consecuencias
del pensamiento”.
Quinto, el
estudio de la historia fundamenta toda investigación política, social y moral.
La historia nos permite captar cómo ha ido surgiendo una conciencia moral.
Sexto,
aleccionados por la historia comprendemos otras sociedades del mundo, con
características diferentes de los nuestras. Caen los prejuicios, crece la
tolerancia. Compartimos una humanidad y problemas comunes. ¿Es casualidad que
los especialistas menos belicosos de la administración actual en los EE.UU.,
hayan realizado estudios sobre el Islam? De manos de la historia aprendemos a
ver los problemas a través de los ojos de otros. Ella siembra en sus amigos la
paciencia mutua, el respeto y la audacia civil, tan necesarias en una sociedad
pluralista y un mundo cada vez más interdependiente. La historia afila la
inteligencia para examinar organizaciones sociales que afirman o niegan los
derechos humanos.
Finalmente,
nos ayuda a desmontar las falsas analogías históricas, e identificar las
consecuencias nefastas de las analogías erróneas, o las de ignorar los errores
cometidos por otros.
[1] Para dar respuesta a esta pregunta utilizo el artículo publicado
con este título por Manolo Maza, S.J. en el periódico El Caribe, el 20 de
Septiembre de 2006.
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